Fango Fluorescente del bosque recién mojado
Zoa Monher
del 17 de octubre al 21 de noviembre
Veo voces
claras en el barro en el
fango fluorescente del bosque recién
mojado.
Paula Melchor, Un conjuro.
¿Qué ocurre con la identidad anterior cuando nace una madre? La práctica de Zoa Monher surge de esta cuestión. Partiendo de su experiencia con la maternidad, explora los cambios que transforman la relación con el cuerpo, la memoria y la propia percepción de una misma. Este proceso, que hoy se nombra como matrescencia, encuentra en sus pinturas una forma de hacerse visible, como un estado de transformación continuo en el que la identidad se redefine y se expande. A partir de mitos clásicos, símbolos heredados y de la historia del arte, la artista se pregunta por qué algunas figuras vuelven una y otra vez cuando intentamos dar forma a aquello que está cambiando.
Las mujeres representadas en las pinturas de Zoa Monher no permanecen donde la historia las dejó, la artista cambia los papeles y jerarquías que la tradición había pensado para ellas. Europa abandona el lugar del sacrificio y la pasividad que le otorgó el mito clásico; Venus deja de dirigir el deseo para convertirse en el blanco de sus propias flechas; la Gioconda rechaza su condición de icono intocable para acercarse al cuerpo y Hécate pasa por distintas metamorfosis a lo largo del recorrido, convirtiéndose así en una presencia que acompaña los procesos de cambio.
En la exposición, las protagonistas femeninas rara vez aparecen solas: serpientes, cisnes, unicornios, toros, cangrejos y otras criaturas funcionan como símbolos o compañeros de viaje en este tránsito. Que aparezcan aquí no es casualidad. Remiten a una simbología ya existente que la artista recupera desde una mirada contemporánea, cercana a la alquimia y a la idea de la identidad como materia en transformación. La serpiente muda su piel, el cisne acompaña el paso entre distintos estados y el unicornio deja de ser una bestia indómita destinada a la captura. Junto a ellos, el agua aparece de manera recurrente como espacio de origen y metamorfosis: un lugar donde las formas se disuelven para poder convertirse en otras.
A través de un paisaje común en todas las piezas, la artista nos acompaña por una pradera con un atardecer como fondo, siendo la luna, símbolo tradicionalmente relacionado con lo femenino, la que marca el ritmo de cada obra. El halo rojo que alude al eclipse lunar introduce la convivencia de los contrarios y la necesidad de afrontar esas diferencias sin perder de vista el propio ser, los cambios que supone toda transformación y lo interconectada que estamos.
Entre el mito y la experiencia más íntima, Fango fluorescente del bosque recién mojado reúne un conjunto de piezas nacidas de una misma inquietud: cómo seguir siendo una misma cuando algo fundamental ha cambiado. En ellas, la transformación no aparece como una llegada ni como una respuesta definitiva, es un proceso abierto que continúa desplegándose.
